Los dientes que explotan. El clérigo de Pennsylvania.

Hace 200 años, un clérigo de Pennsylvania, Estados Unidos (identificado solo como «el Reverendo D.A.») comenzó a padecer un dolor de muelas insoportable.

Fuera de sí por la agonía, hizo todo lo posible para aliviar el dolor: correr por su jardín como un animal enfurecido, golpearse la cabeza contra el suelo y hundir la cara en agua helada. Desafortunadamente, todos esos intentos fueron en vano.

A la mañana siguiente, el clérigo caminaba de un lado a otro por su estudio, agarrándose la mandíbula, cuando de repente «un estruendo agudo, como un disparo de pistola, rompió su diente en pedazos, dándole un alivio instantáneo.

«Extrañamente, la explosión del canino del sacerdote fue el comienzo de una epidemia de dientes explosivos que eventualmente sería reportado en una revista dental bajo el llamativo título: «Explosión de los dientes con un informe audible».

Otro de los casos los vivió una mujer joven, que al parecer, el dolor de muelas terminó de forma espectacular cuando su muela adolorida estalló con tal violencia que casi la derribó, ensordeciéndola durante varias semanas.

¿Qué pudo haber causado estas explosiones dramáticas?

El caso sigue sin resolverse! Pero existen algunas teorías:

La respuesta podría estar vinculada a los químicos que se utilizaban para fabricar los empastes.

Antes de la llegada de la amalgama de mercurio en la década de 1830, se utilizaba una amplia variedad de metales para rellenar las cavidades dentales, incluyendo plomo, estaño, plata y diversas aleaciones.

Andrea Sella, catedrático de Química Inorgánica en el University College de Londres dice que, si se utilizan dos metales diferentes, se crea una celda electroquímica y, efectivamente, toda la cavidad bucal se convierte en una batería de bajo voltaje.

“Debido a la mezcla de metales que tendríamos en la boca podría producirse una electrólisis (separación de los compuestos) espontánea”, dice el profesor.

Si un empaste estaba tan mal hecho que parte de la cavidad permanecía, eso habría significado la posibilidad de acumulación de hidrógeno dentro del diente.

Un diente ya debilitado podría estallar bajo esa presión y el hidrógeno podría incluso explotar si hay ignición; por ejemplo, si el paciente fumaba en ese momento o si un empaste de hierro causaba una chispa en la boca.

Fuente: Enlace1

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